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Temporada de zombies, vampiros y muertos vivientes.

Para esta temporada de zombies, espectros, fantasmas y vampiros y ahora el verdadero horror la pandemia por COVID-19, en PaticularMX hicimos una playlist para un Halloween atípico y una radiografía a dos de los elementos más emblemáticos del horror y el terror: Zombies y Vampiros.

De Vampiros y muertos vivientes

Ni vivo ni muerto, el zombi comparte con el vampiro la terrible suerte de no poder descansar en paz dentro de su tumba y verse obligado a salir de ella para alimentarse dela carne y la sangre de los vivos. El vampiro, ser elegante y voluptuoso, es un símbolo del erotismo exacerbado, encarnación de lúbricas obsesiones que se escapan a la consciencia durante la noche y se disuelven a la luz del día.

El zombi en cambio, es un personaje desprovisto de toda aura poética o sensualidad romántica; es un ser repelente que se nos muestra en toda la insolencia de su putrefacción. A diferencia del engendro creado por la ciencia del Dr. Frankenstein, el zombi carece de espíritu; el suyo es el drama del ser que se encontrará desprovisto de un alma que le sobreviva luego de lo alcance la muerte y descomposición del cuerpo.

En un ensayo titulado Nuestro Monstruo Cotidiano, el escritor italiano Umberto Eco sostiene que los monstruos y el científico loco que los crea son una representación inconsciente del miedo a que las energías descubiertas por la ciencia algún día se salgan de control. La amenaza nuclear y el calentamiento global, aunados al culto por los progresos tecnológicos y científicos, así como los avances en materia genética serían razones más que suficientes para explicar despunte que experimenta el fenómeno zombi dentro de la cultura popular en las primeras décadas del siglo XXI.

When there’s no more room in hell, the dead will walk the earth.

El odio a la muerte

Pero bien mirado, el horror al muerto viviente no parece ser otra cosa que el horror a la muerte en sí. El hombre civilizado, a diferencia del primitivo, niega y oculta a la muerte, de ahí que se refiera a ella por medio de eufemismos, como bien advirtieron, primero Montaigne y luego Freud.

Al negarse a comprender el papel que la muerte desempeña dentro del ciclo vital, el hombre civilizado no sólo teme a la muerte, sino que también la odia; la mira como a una horrenda enemiga a la cual debe vencer. Decía Cicerón que “filosofar es prepararse para morir”. Nada más lejano al sentir de los tiempos que corren, pues ahora se nos prepara desde la infancia para llevar una larga vida de consumidores y la muerte es entendida no como la primera de las certezas sino como el último de los fracasos.

Por ello no hay en la actualidad imágenes que ilustren con mayor claridad el odio a la muerte, que aquellas imágenes que se pueden ver en la pantalla donde hombres y mujeres, armados hasta los dientes, se afanan en acribillar cadáveres ambulantes.

“El cine- dijo el antropólogo francés Louis-Vincent Thomas –muestra en ciertas circunstancias y de manera no disfrazada las fantasías hostiles de los vivos con respecto a los difuntos, que el mundo actual tiende a rechazar” y como ejemplo de ello refiere el famoso filme de 1968, La Noche de los Muertos Vivientes.

El hombre moderno, debido a su materialismo y a la debilidad de sus vínculos con los otros hombres, odia y teme a la muerte como nunca antes lo hiciera, pues se sabe completamente solo e inerme ante ella; de ahí la necesidad inconsciente de representarla en la más repelente de sus facetas: la del cadáver en descomposición.

En contra partida, el hombre primordial encontró en la religiosidad, en la observación de los ciclos vitales, así como en los vínculos con sus semejantes y con sus antepasados, el remedio contra la angustia de la muerte.

El miedo transformado en odio a la muerte crece en la misma medida en que se pierde el sentido de la vida: aquel infinito y necesario sucederse de muertes y nacimientos, de acabamientos y regeneraciones.

Walking dead zombi

La fascinación que por los zombis se ha expandido entre el público durante las últimas décadas, quizá no corresponda tanto a una neurosis colectiva derivada de una terrible contingencia histórica como quería Umberto Eco, sino que también corresponde en idéntica proporción al miedo a la muerte que atenaza al hombre moderno que alejado de la religiosidad y sumido en el individualismo, se refugia en la acumulación de objetos esperando que ellos le sirvan como armas para combatir a una muerte segura que al final lo tendrá rodeado y sin posibilidad alguna de escapatoria.

Te dejamos aquí una playlist curada por nuestro Director Creativo El Don Cruz para tus noches de horror:


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